Asilah, las murallas del Atlántico

Asilah, las Murallas del Atlántico


 Asilah, también conocida como Arcila, es una ciudad al norte de Marruecos que se encuentra bañada por aguas del océano, siendo conocida por muchos como la guardiana del Atlántico. Se encuentra situada a unos 45 kilómetros de Tánger, por lo que es ideal para una escapada si nos encontramos de visita en esta ciudad.

  Llegamos a Asilah sobre las 16h con la idea de dar un paseo rápido sin muchas pretensiones, quizás por eso, esta pequeña ciudad nos gustó tanto. Aparcamos el coche en una explanada fuera de las murallas, y en pocos pasos estábamos ante la puerta de entrada a la Medina


 La Medina de Asilah se encuentra totalmente protegida por las grandes murallas que hemos visto a la entrada, estas datan del siglo XV y fueron construidas los portugueses durante su colonización. Desde estas murallas podemos ver extensas playas de arena fina que durante el verano atraen tanto a viajeros como a amantes de los deportes náuticos y del surf. Ahora estas playas se ven de lo más tranquilas, ideales para pasear.


 Para entrar en la Medina tenemos tres puertas; Bab Homar o puerta Tierra, Bab Kasbah o puerta Norte y Bab el Bahar o puerta del Mar. Nosotros entramos por la puerta Norte.


 En cuanto nos adentramos en la Medina nos encontramos dos de los edificios más importantes de Asilah, la gran Mezquita a la izquierda, y justo en frente, el Centro Cultural Hassan II.



 La mezquita se encuentra abierta porque está en horario de culto, pero no podemos visitar su interior porque no nos permiten la entrada a los turistas. Nos impresiona su color blanco inmaculado combinado con el verde de sus puertas y ventanas.

  El centro de Hassan II, que a esta hora se encuentra cerrado, alberga exposiciones y conferencias a lo largo de todo el año.

  Seguimos una larga calle que nos lleva hasta una gran plaza muy ambientada.


 Aquí vemos muchos locales mezclados con turistas tomando té en la tetería, comprando cerámica en los puestos o haciéndose tatuajes de henna. En esta plaza nos encontramos con una gran torre portuguesa, totalmente cuadrada, que con los años se ha convertido en todo un símbolo para la ciudad. Justo al lado de esta torre está la segunda puerta de entrada a la Medina, la puerta del Mar.


 Adentrándonos en la Medina, declarada patrimonio histórico por la UNESCO, es donde estamos conociendo la Asilah más auténtica. Calles donde vamos a retroceder en el tiempo, tanto que incluso no veremos vehículos, tan solo algún motocarro o mulos llevando la carga.


 En sus calles abunda el color blanco, azul y verde que le dan una luminosidad especial, nos recuerda mucho a los pueblos costeros de Andalucía.



 Según hemos leído, Asilah es un lugar que atrae a lo largo de todo el año a pintores y artistas y eso se nota por sus calles y rincones. Muchos de estos artistas han decorado esta pequeña ciudad con murales de lo más originales. En cualquier casa o esquina te puedes encontrar con una obra de arte.


  También puedes ver obras de arte, pero en tamaño más pequeño, pintadas en tela y por las paredes expuestas y que puedes comprar como recuerdo. Yo me las hubiera traído todas.


 Y algo que me vuelve loca de todas las ciudades que estamos visitando en Marruecos son sus puertas, me paso el rato fotografiándolas como las locas, y claro, Asilah no iba a ser menos, porque aquí también son preciosas.


 Luego seguimos por un laberinto de callejuelas que nos llevan por diferentes bazares donde venden de todo. Aquí vamos a aprovechar para comprar algunas cosas, y es que estos bazares son muchísimos más tranquilos que los que hemos visto en otras ciudades como Tánger o Tetuán. Eso sí, hay que ir preparado para el regateo, que eso no te lo quita nadie. Lo bueno es que casi todos los comerciantes hablan algo de español, por lo que no va a ser muy difícil comunicarse.



 Queríamos terminar la tarde con las vistas desde el mirador de Asilah para ver la puesta de sol, pero resulta que el acceso estaba cortado, no entendimos muy bien porqué, suponemos que estaban arreglando la zona.

  Como nos había fallado el último plan, nos dirigimos nuevamente a la plaza principal que nos gustó tanto, y nos sentamos a disfrutarla con un buen té marroquí. Allí estuvimos un buen rato admirando el ambiente de Asilah, una ciudad pequeñita pero de esas que se hacen un hueco en el corazón.

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